Una habitación propia

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Después de dos años abierto el blog al fin puedo exponer todas estas frases, fragmentos y conclusiones de Virginia Woolf particularmente en el ensayo “Una habitación propia” que es digna de leerse en la actualidad aunque tenga 88 años de haber sido escrita. El valor de la mujer es 1929 era inferior, y ella misma era quien se limitaba en algunas ocasiones pero también muy a menudo la mujer saltaba del resto mostrando su talento en el arte. Woolf convoca a todas las mujeres que gustan de la escritura, a que lo hagan! aunque no encuentren un espacio como la misma Jane Austen (1775-1817). Siempre habrá buenos motivos para destacar no sobre nadie, sino por ser uno mismo y por hacer lo que te llene el alma. Lo siguiente son extractos del ensayo que marcaron mi forma de ver la literatura femenina y que hasta el día de hoy son un estandarte para mi, prepárate un café y disfruta!

  • No es necesario brillar, no es necesario ser nadie más que uno mismo. Todos iremos al paraíso.

 

  • Una contradicción directa entre dos observadores atentos que eran contemporáneos. ¿Se las puede educar o no? Napoleón pensaba que no. Otros, mantienen que las mujeres son medio divinas y las adoran por ese motivo. Algunos sabios sostienen que su inteligencia es más superficial; otros que su conciencia es más profunda. Goethe las honró, Mussolini las desprecia.

 

  • Suyos eran (son) el poder, el dinero y la influencia: tres palabras poderosas. Posiblemente cuando el profesor insistía con demasiado énfasis sobre la inferioridad de las mujeres, no era la inferioridad de éstas lo que le preocupaba, sino su propia superioridad. Era esto lo que protegía un tanto acaloradamente y con demasiada insistencia, porque para él era una joya del precio más incalculable.  La vida es ardua, dificil, una lucha perpetua. Requiere un coraje y una fuerza de gigante. Más que nada, viviendo como vivimos en la ilusión, quiza lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Pensando que los demás son inferiores a nosotros. Creyendo que tenemos sobre la demás gente superioridad innata, ya sea la riqueza, el rango, una nariz recta o un retrato de un abuelo pintado por Rommey, porque no tienen fin los patéticos recursos de la mente humana. De ahí la enorme importancia que tiene para un patriarca, que debe consquistar, que debe gobernar, el creer que un gran número de personas, son inferiores a él. El grito de la vanidad herida, una protesta contra la violación del derecho de creer en uno mismo.

 

  • Por eso tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse. Así queda en parte explicado que a menudo las mujeres sen imprescindibles a los hombres. Y también así se entiende mejor por qué los hombres les  intranquilizan tanto las críticas de las mujeres; por qué las mujeres no les pueden decir este libro es malo, este cuadro es flojo o lo que sea sin causar mucho más dolor y provocar la misma crítica.

 

  • De las dos cosas –el voto y el dinero–, el dinero, lo confieso, me pareció de mucho la más importante. Hasta entonces me había ganado la vida mendigando trabajillos. Realmente pensé, guardando las monedas en mi bolso, es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme.

 

  • ¿Es mejor ser repartidor de carbón o niñera?, ¿Es menos útil al mundo la mujer de limpiezas que ha criado ocho niños que el abogado que ha hecho cien mil libras? Pensé al llegar a mi casa, dentro de cien años, las mujeres dejarán de ser el sexo protegido. Logicamente tomarán parte en todas las actividades y esfuerzos que antes les eran prohibidos. La niñera repartirá carbón. La tendera conducirá una locomotora. Suprimir esta protección, someter a las mujeres a las mismas actividades y esfuerzos que los hombres, hacer de ellas soldados, marinos, maquinistas y repartidores.

 

  • La mujer es un recipiente donde fluyen y relampaguean perpetuamente toda clase de espíritos y fuerzas.

 

  • La castidad en el siglo XVI, tenía y tiene hasta entonces una importancia religios en la vida de una mujer. Vivir  una vida libre en Londres en ese siglo hubiera representado para una mujer que hubiese escrito poesía y teatro una tensión nerviosa y dilemas tales que posiblemente la hubieran matado. Un residuo del sentido de castidad es lo que dictó la anonimidad a las mujeres hasta fecha tardía del siglo XIX, víctimas todas ellas de una lucha interior como revelan sus escritos, trataron sin éxito de velar su identidad tras un nombre masculino. La anonimidad corre por sus venas. El deseo de ir veladas las posee. Una mujer, pues, nacida en el siglo XVI con talento para la poesía era una mujer desgraciada, una mujer en lucha contra sí misma.

 

  • Las circunstancias materiales suelen estar en contra. Los perros ladran; la gente interrumpe; hay que ganar dinero; la salud falla. La notoria indiferencia del mundo acentúa además estas dificultades y las hace más pesadas de soportar. El mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los necesita.

 

  • Las mujeres viven como murcielagos o búhos, trabajan como bestias y mueren como gusanos. La duquesa de Lamb, Margaret of Newcastle. Las obras maestras no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la experiencia de la masa.

 

  • “Ganen quinientas libras al año con su inteligencia”

 

  • Es hasta el siglo XIX que los estantes contienen libros escritos por mujeres.

 

  • Sobre Jane Austen: “Que pudiera realizar todo esto, escribe su sobrino en sus memorias, es sorprendente, pues no contaba con un despacho propio donde retirarse, y la mayor parte de su trabajo debío de hacerlo en la sala de estar común, expuesta a toda clase de interrupciones. Siempre tuvo buen cuidado de que no sospecharan sus ocupaciones los criados, ni las visitas, ni nadie ajeno a su círculo familiar”. Si Jane Austen sufrío en algún modo por culpa de las circunstancias, fue de la estrechez de la vida que le impusieron. Una mujer no podía ir sola por las calles. Nunca viajó; nunca cruzó Londres en ómnibus ni almorzó sola en una tienda. Su talento y su modo de vida se acoplaron perfectamente.

 

  • Se da por sentado que las mujeres son muy tranquilas; pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres; necesitan ejercitar sus facultades y disponer de terreno para su esfuerzos lo mismo que sus hermanos; sufren de las restricciones demasiado rígidas, de un estancamiento demasiado absoluto, exactamente igual que sufrirían los hombres en tales circunstancias. Y denota estrechez de miras por parte de sus semejantes más privilegiados el decir que deberían limitarse a hacer postres y hacer calcetines, a tocar el piano y a bordar bolsos. Es necio condenarlas o burlarse de ellas cuando tratan de hacer algo más o aprender más cosas de las que la costumbre ha declarado necesarias para su sexo.

 

  • “Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”

 

  • (El feminismo no se iguala al patriarcado), sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran fisicamente a los hombres, porque dos sexos ya son pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿no debería la educación buscar y fortalecer mas bien las diferencias y no los puntos de semejanza? El estado de ser normal y confortable es aquel en que los dos viven juntos en armonía, cooperando espiritualmente.

 

  • Puede que me reprochen el haber insistido demasiado sobre la importancia de lo material. Aun concediendo al simbolismo un amplio margen y suponiendo que quinientas libras signifiquen el poder de contemplar y un pestillo en la puerta el poder de pensar por sí mismo. Exactamente: la libertad intelectual depende de cosas materiales. la poesía depende de la libertad intelectual, y las mujeres siempre han sido pobres,  no sólo durante doscientos años sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado menos libertad intelectual que los hijos de esclavos. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia.

 

  • Por tanto, le pediré que escriban toda clase de libros.  Que hagan algo para su bien y para el bien del mundo en general.  De modo que cuando les pido que ganen dinero y tengan una habitación propia, les pido que vivan en presencia de la realidad, que lleven una vida estimulante, les sea posible o no les sea posible comunicarla. Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa.

 

  • Hemos traído al mundo, criado, lavado e instruido, quizás hasta los seis o siete años, a los mil seiscientos veintitrés millones de humanos que, según las estadísticas, existen actualmente y esto, aunque algunas de nosotras hayan contado con ayuda, toma tiempo. Y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.

 

Ilustración: http://www.fernandovicente.es/en/

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