El Siglo XX por Frida Kahlo

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Cuando uno pretende contemplar y comprender la pintura de Frida Kahlo (1907-1954) se encuentra de primeras ante un doble problema. En primer lugar la construcción del mito, el personaje que la posteridad ha hecho de ella, auténtico arquetipo romántico que sigue teniendo vigencia sesenta años después de su muerte. En segundo lugar, consecuencia lógica de una figura tan elaborada, la exageración de su biografía como prisma mediante el que acercarse a su obra.

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Por un lado, en la cultura de masas está más que extendido el mito en torno a su personaje, se le han dedicado películas, novelas y todo tipo de merchandising, por otro lado la comunidad científica ha conseguido en parte contestar dicha elaboración tratando de rendirle justicia a su obra, separando las lecturas que genera de las determinaciones míticas con las que se viene contaminando.

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Ella misma se encargó en vida de construirse una imagen múltiple: feminista militante, artística atormentada, recuperadora de lo indígena, mujer cosmopolita pero con el conflicto de la identidad por media de la maternidad, una maternidad de hecho imposible… su famosísimo diario, sus testimonios y sobre todo las fotografías que la retratan comprueban hasta que punto fue consciente de su autoimagen, siempre preparada y verdaderamente dandi.

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Su recorrido, evolución y el desarrollo de sus soluciones estéticas denotan una verdadera participación en la historia de la representación visual moderna. Su pintura se relaciona con cuestiones de forma  de contenido que fueron estando a la orden del día mientras se desarrollaba su carrera, tanto en cerrados círculos ilustrados como en amplios terrenos de debate.

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Ése es su mérito haber construido imágenes por las que pasa el siglo XX. No es casualidad que más tarde André Breton, ortodoxo líder del movimiento surrealista, se interesara y aplaudiese la obra de Kahlo igual que lo había hecho con la de Mallo. Y ninguna de las dos, Kahlo más pero tampoco, puede considerarse estrictamente surrealista.

Fuente: Revista Descubrir el arte No. 185 Manuel Anton

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